
Este año, la petada del servidor de Blogia no me ha permitido postear en San Valentín, lo que no significa que no vaya a hacerlo ahora. Bien, ahí va.
Un año más: San Valentín. Este año voy a ser completamente sincera y voy a explicar mi postura mediante una cutre-metáfora a lo barrio sésamo basada en un hecho real que espero que se pueda comprender. Niños y niñas, empezamos.
¿Qué es San Valentín?
Veamos un sencillo ejemplo:
En un hogar familiar (dos hijas, un hijo, papá y mamá), está el típico calendario colgado en la pared de la cocina, sí, aquel en el que se apuntan miles de cosas. La hija pequeña se acerca y en el dia 14 de febrero apunta "Día de los Enamorados". Días después se acerca la hija mayor y, observando lo que había puesto su hermana, tacha lo escrito y lo cambia por "Día de los Gilipollas".
Adivina adivinanza: ¿quién tuvo un "pequeño" desengaño amoroso hace relativamente poco?
Libre interpretación.
Bienaventurados sean los que les apeteció odiar San Valentín por múltiples razones y también los que en ese día se regocijaron pensando que tienen opción a celebrar o no celebrar tan ñoño día porque, simplemente, tienen alguien con quien hacerlo. Y a los que no les apetece pegarle una paliza a cupido pese a que no les haya tirado una flecha, tranquilos, no os frustreis, cupido no existe pero cualquier dia conocereis un ser maravilloso y el monstruo del atontamiento amoroso os poseerá durante mucho tiempo. Os lo dice una víctima.
Feliz San Valentín (con retraso) a todos. Otros S.V (1, 2)